Nov 07

Medios, viajes e involucramiento emocional

Posted by Ines_tables in Artículos

Hay un viejo tema que aparece en muchas discusiones sobre medios: los límites entre la información y la publicidad . No hay que ser especialmente perspicaz para encontrar que en los últimos años muchos medios han relajado cada vez más los controles entre lo informativo y lo publicitario, y hoy podemos encontrar notas donde se nombra sin problemas productos de los anunciantes. Parte de la discusión involucra la relación entre lo público y lo privado; en este caso, si la información es un bien público que debe respetar ciertos estándares de imparcialidad, o es un producto comercial que debe ser rentabilizado por las empresas de acuerdos a sus estrategias , sin tener que rendir cuentas a nadie

Hay un viejo tema que aparece en muchas discusiones sobre medios: los límites entre la información y la publicidad. No hay que ser especialmente perspicaz para encontrar que en los últimos años muchos medios han relajado cada vez más los controles entre lo informativo y lo publicitario, y hoy podemos encontrar notas donde se nombra sin problemas productos de los anunciantes. Parte de la discusión involucra la relación entre lo público y lo privado; en este caso, si la información es un bien público que debe respetar ciertos estándares de imparcialidad, o es un producto comercial que debe ser rentabilizado por las empresas de acuerdos a sus estrategias, sin tener que rendir cuentas a nadie.

Y esta discusión se ha hecho más relevante en los últimos años, a partir de la estrategia de muchas marcas de “involucrarse emocionalmente” con los consumidores, como plantea Henry Jenkins en Convergence Culture. Convertir a la marca en parte de las “experiencias positivas” de tu vida cotidiana. Algo que no es, para ser justos, demasiado nuevo. La industria discográfica logró en su momento transformarse en parte central de nuestra vida, lugar que ha ido perdiendo frente a la explosión de nuevas alternativas -sólo hay que ver como las “nuevas tribus” jóvenes se estructuran cada vez menos frente a la elección de un género musical, y más en relación a aspectos tecnológicos.

prainha - barra da lagoa (by morrissey)

¿Cómo pueden las marcas ligadas con el mercado de viajes buscar ese “involucramiento emocional” con los consumidores? Hay una buena parte del camino que ya está desarrollado: a casi todo el mundo le encanta viajar. Ahora, el problema es que seleccione como su objeto de deseo un destino en particular. Ahí, claro, entra el marketing y los medios. Y la receta no es demasiado original: el destino debe ser asociado con experiencias cotidianas positivas.

A diferencia de otros mercados -se me ocurre el de la tecnología, que es uno de los que mejor conozco- en el mercado de periodismo de viajes, al menos en esta zona del mundo, las textos que aparecen en los medios especializados suelen destacar casi únicamente los aspectos positivos de los destinos. No hay aquí muchas novedades; conectar al destino con lo positivo es parte de toda estrategia de marketing. El problema es cuando retomamos la discusión del comienzo: ¿es la información un bien público o un producto comercial sin más? La segunda de las acepciones da por sentado, por ejemplo, que una empresa periodística puede publicar notas puramente positivas de un destino, y conservar de esa manera las invitaciones de viajes que les hacen las empresas y gobiernos -y que en muchos casos permiten hacer las coberturas de destinos. La primera acepción, la del bien público, plantea otros interrogantes: ¿es suficiente hacer una nota a partir de experiencias puramente positivas, producto de un viaje planeado por un tercero con el fin de que los periodistas la pasen bien? ¿Acaso no se podría complementar ese tiene de notas con otro tipo de datos de los destinos? Algunos son muy interesantes para muchos viajeros, como la evolución de la criminalidad en ciertos ciudades; los rangos de precios de hoteles, restaurantes y servicios; las prestaciones del transporte público; las medidas que el destino toma para preservar su riqueza natural -algo muy relevante en destinos de playa y montaña-; y relatos de otros viajeros que hayan llegado a la zona. Esto último no es ninguna genialidad; en este blog hace tiempo que suelo abrir una entrada de consulta antes de viajar a algún lugar, como hice con el tema de Valle de la Luna y Talampaya.

Claro, abrir todas estas alternativas implican introducir una serie de temas y posibilidades de quebrar el “involucramiento emocional” con el destino mediante la publicación de datos más bien positivos. Frente a ello, se abren al menos dos preguntas, que dejo a modo de cierre. La primera: ¿realmente es la descripción puramente positiva una forma eficaz de involucrar a los turistas y viajeros, o será que ellos ya tienen esas imágenes de antemano, tomadas de películas, experiencias personales, y otras vivencias individuales? Y segundo: ¿hasta dónde se puede dar un debate de la información turística como un bien público? En particular, creo el segundo interrogante ha sido tematizado muchas veces en Internet, y los viajeros han creado muchas plataformas de publicación que les permita crear contenido que refleje “experiencias reales”. Parte de ese cometido se hizo mediante blogs, aunque hoy muchos de ellos estén cada vez más involucrados con un tipo de relato sobre los destinos que nos hace recordar al modelo “positivo” del involucramiento emocional mediante “experiencias felices”.


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